Los Santos y los angeles: JEAN EDOUARD LAMY

El PADRE JEAN EDOUARD LAMY (1853-1931) era un sacerdote de un pequeño pueblecito de Francia. Su biógrafo, el conde Paul Biver, dice en el libro que escribió sobre su vida: Un día, a las diez menos cuarto de la noche, me acuesto y apago la luz. Después de dos o tres minutos, siento la conversación animada en la habitación del anciano sacerdote. Y en el silencio de la noche oigo voces masculinas. El Padre Lamy
hablaba con su ángel custodio [1] .

El padre Lamy decía frecuentemente: Nosotros no damos a los ángeles la importancia que tienen. No les rezamos suficientemente. Ellos nos miran como a sus pequeños hermanos necesitados. Y nos cuidan con mucho cariño. Él tenía como protector especial al arcángel san Gabriel. Sufría de problemas a la vista y en su vejez llegó casi a perderla totalmente. Pero el ángel le ayudaba, cuando salía a visitar enfermos por las noches. Sin su ayuda se hubiese caído cientos de veces por aquellas calles oscuras y, sobre todo, con la nieve del invierno. El arcángel, con otros ángeles, le acompañaba por delante con una luz suficiente para que pudiera ver el camino y, a veces, cuando terminaba de visitar a los enfermos, estando muy cansado, de pronto, se encontraba a la puerta de la casa parroquial, como si hubiera sido transportado
milagrosamente por los ángeles en un instante.

 

[1] Biver P., Pere Lamy, apôtre et mystique, Editions du serviteur, 1988, pp. 179-180.

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