EL ÁNGEL GUARDAESPALDAS

EL ÁNGEL GUARDAESPALDAS

Una religiosa contemplativa me escribía diciendo:

Cuando era jovencita, un día, debía regresar a mi casa de noche, después de haber tenido una reunión de Acción católica en la parroquia. Estaba sola y debía caminar dos kilómetros por el campo. Tenía miedo. De pronto, veo a un perro grande que me sigue. Sentí temor al principio, pero sus ojos eran tan dulces… Se detenía, cuando yo me detenía, y me seguía, cuando yo caminaba. Además me movía la cola, lo que me dio mucha tranquilidad. Al llegar cerca de mi casa, sentí la voz de mi hermana, que venía a mi encuentro, y el perro desapareció. Nunca lo había visto ni lo vi más después, a pesar de que hacía el mismo camino dos veces cada día y conocía muy bien a todos los perros de los vecinos. Por eso, pensé que debió ser mi ángel custodio, que me protegió como un guardaespaldas.

Algo parecido sucedió en la vida de san Juan Bosco con un perro, a quien él llamaba Gris, y que se le aparecía cuando iba solo a su casa en medio de la noche. Nunca lo vio comer y se le apareció por espacio de 30 años, tiempo muchísimo más largo que la vida normal de un perro. San Juan Bosco también creía que era su ángel custodio, que se le aparecía para defenderlo de sus enemigos, que varias veces atentaron contra su vida. Y, en ocasiones, el perro Gris tuvo que enfrentarse a los malhechores que lo espiaban y a quienes hubiera destrozado si no hubiera intervenido en su favor el mismo Don Bosco.

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