ÁNGELES PUROS

ÁNGELES PUROS

Los ángeles son puros y bellos y quieren que nosotros también lo seamos para gloria de Dios. Especialmente, deben ser puros todos los que se acercan al altar, pues la pureza del altar debe ser total. El vino debe ser puro de uva, las velas de cera virgen, los corporales y manteles deben estar blancos y limpios, y la hostia debe ser blanca y pura para recibir al rey de las vírgenes y de la pureza infinita, Cristo Jesús. Pero, sobre todo, debe ser pura el alma del sacerdote y de los fieles que asisten al sacrificio del altar.

¡No hay nada más bello que un alma pura! Un alma pura es la alegría de la Santísima Trinidad, que hace su morada en ella. ¡Cuánto ama Dios un alma pura! Por lo cual, en este mundo tan lleno de impureza, debe brillar en nosotros la pureza. Seamos exigentes en este punto con nosotros mismos para que un día podamos asemejarnos a los ángeles.

Para conseguir esta pureza de alma, puede ser muy útil el hacer un pacto con los ángeles. Un pacto de ayuda mutua para toda la vida. Un pacto de amigos y de amor mutuo. Santa Teresita del Niño Jesús parece que hizo este pacto con su ángel tal como era costumbre hacerlo en la Asociación de los ángeles a la cual perteneció. Dice que: casi inmediatamente después de mi entrada en la abadía, había sido recibida en la Asociación de los santos ángeles. Las prácticas de devoción que la Asociación me imponía eran muy de mi gusto, pues sentía particular inclinación a invocar a los bienaventurados espíritus del cielo, especialmente, al que Dios me ha dado por compañero de mi destierro (MA fol 40).

Así pues, si ella lo hizo y le sirvió en su camino de santidad, también a nosotros nos puede servir. Recordemos el viejo adagio: Dime con quien andas y te diré quién eres. Si caminamos siempre de la mano con los ángeles, especialmente, con nuestro ángel custodio, algo nos contagiará de su modo de ser. Seamos puros y limpios en pensamientos, sentimientos, deseos, palabras y obras. Seamos puros de mente para nunca mentir. Tengamos ojos puros para no querer ver nunca algo que manche nuestra
alma. Tengamos una vida limpia, siendo siempre honrados, sinceros, responsables, auténticos y transparentes, en el mejor sentido de la palabra.

Pidamos a nuestro ángel la gracia de ser puros para que la luz de Dios brille con más fuerza en nuestros ojos, en nuestros corazones y en nuestra vida entera. ¡Que brille nuestra vida con la pureza de los ángeles! Y los ángeles se sentirán contentos de ser nuestros amigos.

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