ÁNGELES CAÍDOS

Ciertamente, los demonios existen y son millones. Son ángeles caídos que se rebelaron contra Dios. En mi libro La vida es una lucha contra el mal, he hablado sobre este tema. Contra ellos tenemos que luchar a brazo partido, pues, como nos dice san Pablo: Nuestra lucha no es contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los malos espíritus (Ef 6, 12).

Los demonios luchan para alejarnos de Dios y atraernos a su reino de maldad y llevarnos a vivir en su compañía eternamente en el infierno. Pero con la ayuda de Dios podemos vencerlos.

El padre Giovanni Salerno, misionero en las alturas de los Andes peruanos del Sur del Perú, cuenta que, en una ocasión, se le presentó una pobre mujer, que le quería entregar a su niño, suplicándole con lágrimas en los ojos, que le encontrara alguien que lo adoptara en Europa, y se lo dejó.

Esta pobre mujer era una “esclava”. Su patrona, una maestra, era la dueña del pueblo, dueña de las vacas, dueña de todo: una verdadera déspota del pueblo; y, cuando supo el hecho, desencadenó un infierno contra mí, obligando a la mamá del niño a buscarme para que se lo devolviera. Pero no pude devolvérselo, porque ya lo había entregado yo al juez de paz de Cotabambas. Aquella patrona sembró en todo el pueblo pesadas calumnias contra mí… Valiéndome del hecho de que el juez de paz me había entregado a mí aquel niño y que, por lo tanto, según la ley, el niño era mío, decidí ir al pueblo (para arreglar la situación). Pero llegado a la entrada del poblado, el caballo no pudo dar un paso más. Con su cabeza hacía grandes esfuerzos para avanzar; pero, inútilmente, pues parecía como si tuviese delante de sí una muralla que no podía atravesar.

Entonces, bajé del caballo, recé una oración de liberación contra el maligno y rocié al caballo con agua bendita. Hecho esto, el caballo volvió inmediatamente a galopar. Todas las personas esperaban que sucediera una tragedia, pero no: aquel niño, dejado libre por la patrona, corrió a echarse en mis brazos. Ahora es un joven que vive en Italia, adoptado por una maravillosa pareja de esposos. Podría narrar muchas anécdotas acerca del demonio. Por ejemplo, Satanás se ensañó conmigo y empezó a inquietarme y atormentarme con terribles temores y angustias, que llegaron a enfermarme del corazón y ninguna medicina podía devolverme la serenidad y la salud a tal punto que, solamente con mucho esfuerzo y sin levantarme de la cama, lograba celebrar la santa misa. Pero le rezaba a la Virgen María, le rezaba, le rezaba… Oraba y no me cansaba de rezar rosario tras rosario todo el día. Pero, cuando la situación se agravó, le pedí a Alipio, el chofer de la Misión, que me llevara al Cuzco y desde allí a Lima. A mitad del camino a Cuzco, paramos para un poco de descanso. Fue entonces, mientras bajaba del coche, cuando sentí que una fuerza misteriosa dejaba mi cuerpo; sentí algo así como un ser que salía de mi cuerpo, al mismo tiempo que volvían a mí el vigor y la alegría de vivir.

Recuerdo que un sacerdote fue a bendecir una casa y, al llegar a cierta habitación, donde se había practicado la ouija y adivinación, no podía entrar a bendecirla, como si una fuerza poderosa se lo impidiera. Invocó a Jesús y a María y pudo entrar, encontrando en uno de los cajones de la habitación unas figuras de diablos, que habían usado en sesiones de magia. Por eso, es bueno bendecir las casas y los coches para pedir la protección de Dios. Especialmente, hay que bendecir los lugares donde hayan practicado magia o hechicería y quemar los objetos que se hayan usado. Se puede decir la siguiente oración, echando agua bendita:

Señor, visita esta habitación, aparta de ella todas las asechanzas del enemigo, que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en tu paz. Amén.

Recordemos que el demonio es poderoso, pero más poderoso es Dios. Y cada ángel puede detener el poder maléfico de todos los diablos juntos, pues actúa con el poder de Dios. Este mismo poder nos ha dado Jesús a nosotros, si actuamos con fe: El que crea en mí, expulsará demonios (Mc 16, 17).

¡Cuántos accidentes se evitarían y de cuántos daños nos libraríamos, si invocáramos con fe la ayuda de nuestro ángel!

P. ÁNGEL PEÑA BENITO O.A.R.
ÁNGELES EN ACCIÓN

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