¿No sabeis que hemos de juzgar a los ángeles?

El juicio de los ángeles nos lo recuerda San Pablo

1 Cor 6:3 — ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?

Pablo intensifica su reprensión (2 Tim. 3:16; Tito 1:13) de los corintios, al recordarles de que sabían que también han de juzgar a los ángeles.  La respuesta a esta pregunta retórica implica la respuesta de la que sigue.

Este juicio de los ángeles se realizará en el día final:

Los ángeles también han de ser juzgados en el día final (2 Ped. 2:4; Judas 6).

Los ángeles de Dios se dividieron en dos bandos, tuvieron que hacer una elección: unos fieles a Dios, otros en perpetua oposición. Éstas posiciones son radicales e irreversibles.

Los ángeles que alaban y dan gloria a Dios están ante su presencia por tanto no pueden ser juzgados por el hombre, ya gozan de forma irreversible de la luz de Dios.

Los ángeles que se opusieron a Dios y no le “sirven” (Jeremias 2,20) fueron condenados y enviados a la tierra con sus seguidores (Apocalipsis 12,9)

Existe otra tipología de ángeles arrojados al Tártaro (2 de Pedro 2:4-5, 9) y están esperando juicio. Fueron aquellos condenados en tiempo de Noe. También nos habla de ellos el apóstol Judas (Judas 6-7)

Judas habla de la misma rebelión así como Pedro y Génesis. En algún momento en los tiempos de Noé, los ángeles “abandonaron su propia morada” y fueron tras “carne extraña” tras las hijas de los hombres. ¿Y qué resultó? que ahora “los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. Ésta es la prisión, la Tartarus, de lo que Pedro habla en sus cartas. A esos espíritus caídos, ángeles caídos, espíritus en prisión, Jesús fue y les predicó, dice nuestra traducción al Español. Una mejor traducción sería “Les proclamó”. Ahora, el texto no dice lo que Él proclamó, pero estoy de acuerdo con lo que Vine dice en su diccionario, cuando habla acerca de la palabra “kerusso” que se traduce en 1 de Pedro 3:19 como “predicó”:

“En 1 de Pedro 3:19 la referencia probable es, no buenas nuevas, sino el acto de Cristo después de su resurrección de proclamar Su victoria a los seres angelicales caídos” (Vine´s expository dictionary of New Testament words, p. 883).

Para concluir: cuando leemos en 1 de Pedro 3:19 que Jesús fue y predicó a los espíritus encarcelados, no deberíamos entenderlo como gente muerta viviendo encarcelada, sin resurrección y Jesús yendo a ellos a predicarles las buenas nuevas. Lo que la Palabra de Dios habla en 1 de Pedro 3:19 no es sobre gente muerta, sino sobre espíritus, seres angelicales que están en prisión, en la Tartarus, atados en eternas cadenas bajo oscuridad. ¿Porqué? Por lo que hicieron en los tiempos de Noé, dejando su propia morada yendo tras “carne extraña”, tras las hijas de los hombres.

 

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