La existencia de los ángeles y su naturaleza

1. La existencia de los ángeles.

Etimológicamente la palabra ángel, del griego “angelos“, significa nuncio, enviado, embajador. Por lo tanto, la palabra “ángel” no es nombre personal sino de oficio, como la expresión “médico”, “abogado”, “ingeniero”. Dice San Gregorio Magno: “Es de saber que la palabra «ángel» es nombre de oficio, no de naturaleza. Aquellos santos espíritus de la patria celestial siempre son espíritus pero no siempre se les puede llamar «ángeles». Porque solamente son «ángeles» cuando por ellos se anuncia una cosa, cuando son nuncios, mensajeros, cuando Dios les envía a anunciar”.

San Agustín dice respecto a ellos: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”. Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios, porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que están en los cielos” (Mt. 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal. 103, 20).

Los hombres, en el lenguaje corriente, solemos llamar «ángeles» a todos, a las nueve jerarquías, pero hablando con precisión, con rigor de lenguaje teológico, no son «ángeles» más que aquellos que realizan una misión y precisamente por eso las Sagradas Escrituras emplean la palabra «ángel» no solamente cuando habla de los ángeles, sino también cuando habla de personas. Así, el Gran Enviado, el Ángel, el Rey de los Ángeles, es Cristo, nuestro Redentor, porque vino enviado por el Padre a realizar una misión angélica. Era el enviado por el Padre, por lo tanto, en ese sentido, era el Ángel de los ángeles, el Rey de los Ángeles, Cristo nuestro Señor. Por eso, el profeta Malaquías le anuncia como «el Ángel de la Alianza que deseáis» (Mal. 3-1)

En tanto que criaturas puramente espirituales, los ángeles tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Por la perfección del universo se requiere cierta graduación en las criaturas, que se acerque cada vez más a la infinita perfección de Dios, creador de todas ellas. Y vemos que hay criaturas que se parecen a Dios únicamente porque existen, como las piedras. Otras en que viven, como las plantas y los animales, otras en el entender, como el hombre. Por lo tanto, parece muy natural que existan otras criaturas puramente espirituales y perfectamente intelectivas que son los ángeles, que se parezcan a Dios de la manera más perfecta que pueda parecerse una criatura. Faltaría algo entre nosotros y Dios si no existieran los ángeles. Faltaría un eslabón en la cadena.

Santo Tomás de Aquino, lo explica con toda la perfección (Suma Teológica, I, q. 50, a.1): “Es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas. Lo que sobre todo se propone Dios en las criaturas es el bien, que consiste en parecerse a Dios. Pero la perfecta semejanza del efecto con la causa es tal cuando el efecto la imita en aquello por lo que la causa produce su efecto, como el calor produce lo caliente. Pero Dios produce a la criatura por su entendimiento y su voluntad […]. Por lo tanto, para la perfección del universo, se requiere que haya algunas criaturas intelectuales”. Pero debido a que el entendimiento no puede ser una facultad física ya que todos los cuerpos materiales están limitados al tiempo y al espacio, concluye el Doctor Angélico, ” para que el universo sea perfecto, es necesario que exista alguna criatura incorpórea”.

Los filósofos antiguos (y muchos modernos…) ignoraban la existencia de la capacidad intelectual, y debido a ello, no sabían distinguir entre el entendimiento y el sentido. Por eso, concluyeron (y siguen concluyendo muchos…) que no puede existir nada que no sea percibido por los sentidos y por la imaginación. Y como en el campo de la imaginación no cabe más que el cuerpo, estimaron que no había más ser que el cuerpo físico. Y en eso coinciden los modernos materialistas con los antiguos saduceos, quienes decían que no había espíritu (Hch. 23,8). Pero, concluye Santo Tomás, “sólo por el hecho de que el entendimiento es superior a los sentidos, se demuestra razonablemente la existencia de algunas realidades incorpóreas, comprehensibles sólo por el entendimiento”.

2. Naturaleza de los ángeles
a. Los ángeles son espíritus puros sin mezcla de materia.
En este punto, Santo Tomás es tajante: (q. 2): “Es imposible que la sustancia intelectual tenga ningún tipo de materia”. Cualquier ser actúa según la sustancia de que está hecho; ahora bien, la operación de entender es una operación totalmente inmaterial, ya que para entender un objeto hay que abstraer ese objeto de la materia. Por lo tanto, hay que concluir que toda sustancia intelectual es completamente inmaterial.

b. Los ángeles son naturalmente incorruptibles e inmortales. Los ángeles son incorruptibles porque no tienen ninguna cosa interior que les pueda volver a la nada (ab-intrinseco) ni ningún enemigo exterior que les pueda aniquilar (ab-extrínseco). Son inmortales pues, aunque Dios tiene poder para reducirlos a la nada, no lo hará nunca ya que Él respecta el plan que Él mis se ha trazado. Si no lo hiciera, rectificaría, lo que supone haber cometido un error, haberse equivocado. Como Dios no pude equivocarse jamás, no puede rectificar jamás. Y el plan queda establecido se cumplirá al pie de la letra porque se debe a Si mismo el cumplimiento de Su palabra.

c. Los ángeles son específicamente distintos entre sí,
de suerte que cada uno de ellos constituye una especie completamente distinta de cualquier otro ángel.
Si cada uno de ellos constituye una especie, la variedad de los ángeles es maravillosa; son millones y millones de ángeles, todos distintos, a cual más hermoso, a cual más deslumbrante.
Esto sirve para darnos una idea muy elevada de la infinita grandeza de Dios, que ha creado el mundo angélico con inmensa variedad de seres, todos específicamente distintos entre sí. Sin duda alguna, la contemplación del mundo angélico, con su infinita variedad y deslumbrante belleza, constituirá un espectáculo grandioso y una de las alegrías accidentales más inmensas que disfrutarán los bienaventurados por toda la eternidad.

d. Aunque los ángeles no tienen cuerpo, pueden sin embargo aparecerse en forma corporal. Esta tesis, sostenida por Santo Tomás, va en contra de la opinión de algunos que creen que los ángeles siempre se aparecen de forma imaginativa. Ahora bien, si fuera cierto, esto contradice el objetivo mismo de la Escritura, ya que lo que es visto imaginativamente no existe más que en la imaginación del que lo ve y, por lo tanto, no puede ser visto por otros. Pero la Sagrada Escritura narra apariciones de ángeles que fueron vistos por todos, v.gr., los que se aparecen a Abrahán y a su familia, a Lot y los habitantes de Sodoma, etc. También en la historia reciente, por poner un ejemplo, en las apariciones de Fátima, se narra que el Ángel de Portugal fue visto por los tres pastorcillos simultáneamente.
Los cuerpos que asumen los ángeles no son cuerpos vivos; por medio de ellos, los ángeles pueden ejercer algunas acciones vitales como el hablar, el andar o incluso el comer, pero no darles vida como tal ya que este es un atributo exclusivo de Dios. Los ángeles toman esos cuerpos reales o aparentes de forma circunstancial y provisoria.
Y también en esto se expresa una vez más la bondad infinita de Dios y su inenarrable amor por los hombres. Explica Santo Tomás: “Los ángeles no necesitan tomar cuerpo para su propio bien, sino para el nuestro. Al convivir familiarmente con los hombres y conversando con ellos forman una comunidad de comprensión que es la que los hombres esperan formar con ellos en la vida futura. El hecho de que en el Antiguo Testamento los ángeles hayan tomado cuerpo, fue como una figura anticipada de que la Palabra de Dios iba a tomar cuerpo humano. Pues todas las apariciones del Antiguo Testamento están orientadas a aquella otra aparición por la que el Hijo de Dios apareció carnalmente.” (I, q 51, a.2)

e. Al ángel le corresponde ocupar un lugar. Sin embargo no a manera de los cuerpos que están unidos a un sitio por contacto de su materia física y por lo tanto, delimitados en el espacio, sino que por su virtud contienen a los cuerpos físicos sin estar contenidos por ellos. Así es como el alma está unida al cuerpo: como continente y no como contenido. Igualmente se dice que el ángel ocupa un lugar físico, no como contenido sino como el que de algún modo lo contiene. Esto se entiende mejor si imaginamos a una persona muy virtuosa (o en sentido contrario, muy pecadora) entrando en un ambiente cualquiera. De alguna manera, su virtud (o su vicio) se irradia en las demás personas y conforma el comportamiento de ellas. Por así decir, ella impregna el ambiente y estimula en los demás, con su simple presencia, por su modo de ser, de hablar, de comportarse, a la práctica de la virtud (o del pecado).
f. El ángel puede moverse localmente. Pero al trasladarse de un sitio a otro no necesita pasar por el medio. Él ángel está donde obra; por consiguiente, cuando deja de actuar en un lugar para comenzar a actuar en otro, puede decirse que se ha movido o cambiado de sitio. Su movimiento, aunque rapidísimo, no se puede decir que sea instantáneo. Es un movimiento por lo tanto, discontinuo, ya que para ir a un sitio, tiene que dejar otro. Por otro lado hay que entender la palabra “rapidísimo”, “instantáneo”, etc. Las operaciones angélicas no se miden por fracciones de nuestro tiempo (ya que ellos viven fuera del tiempo), sino por la diversidad de las operaciones. Un instante angélico puede durar un siglo de nuestro tiempo si durante todo ese tiempo ha permanecido el ángel en una sola operación. Pero dada la perfección de la naturaleza angélica su operación puede ser rapidísima, hasta el punto de parecer instantánea, como parece instantánea la propagación de la luz.
El movimiento del ángel no depende solamente de la magnitud de su poder, de que sea más o menos poderoso ese ángel sino exclusivamente de su voluntad. Para trasladarse basta querer y el se mueve con la velocidad del pensamiento.
Un ángel no puede estar en muchos lugares a la vez. Por su naturaleza, él no tiene lo que conocemos por el “don de la bilocación”. El ángel es de esencia y poder finitos. Solo Dios es por esencia y poder infinito; Él es causa universal de todas las cosas y con su poder, llega a todas las partes. Pero no es así con el ángel, que al ser finito, limitado, no llega a todo, sino a una sola cosa concreta.
El estar en un lugar concreto corresponde al cuerpo, al ángel y a Dios, aunque de distinta manera: el cuerpo está en un lugar circunscribiéndose a él, ya que sus dimensiones se adaptan al lugar. El ángel no se circunscribe al lugar, ya que sus dimensiones no se adaptan al lugar, sino que se delimita a él, puesto que al estar en un sitio no lo está en otro. Dios no está ni circunscrito ni delimitado, porque está en todas partes.
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